Una mañana fría

Cartera vieja cuero

Los dedos rígidos y doloridos, mientras, apurando el paso, cambiamos de mano la pesada cartera de cuero, brillante por el desgaste, más útil para formar las porterías de los partidos que por su contenido: tareas aburridas, un plumier y libros pesados y antiguos, llenos de prohibiciones y de sospechadas mentiras de historias pasadas y mandamientos en blanco y negro, siempre con un fondo oscuro de sotana y de misóginos héroes sepia ya decrépitos que cantaban a la muerte.

Una capa de hielo somero y crujiente en los charcos donde por la tarde cogeríamos cucharillas, y en los bordes del camino el deslumbrante rocío salpicando los zapatos y tentando el sueño futbolístico de deslizarnos suave y rápido barriendo el balón como en un estadio, sin despellejarnos las piernas, recibiendo el aplauso de las primeras amapolas.

En el patio, aprovechando el tiempo hasta el límite antes de formar las filas para ir al rosario, antes de desayunar y de ir a clase, casi inconscientemente se formaban los equipos, bandos u hordas corriendo y disputando tras cualquier cosa a la que dar una patada. Más partidos que campos, todos interseccionados en un mismo y carcelario patio de cemento con un frontón contra el que hacíamos las paredes y resonaban los balonazos.

pelota-futbol-vieja

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